Sudandelsur

 

Ginebra, 18 de mayo de 2017
 
El CLAI se une al Consejo Mundial de Iglesias en el Llamamiento a la acción para acabar con el hambre
 
Estimados hermanas y hermanos en Cristo:
 
Nosotros, los miembros de más de cien organizaciones religiosas e iglesias mundiales, regionales y nacionales, que representan a más de mil millones de personas, nos reunimos hoy en nuestras comunidades de culto para observar el Día internacional de oración para acabar con el hambre el 21 de mayo de 2017.
 
Estamos invitando a la oración y a la acción para poner fin a la hambruna, ya que estamos sumamente preocupados por el hecho de que más personas se enfrentan hoy a la hambruna que en ningún otro momento de la historia moderna. La ONU ha declarado la hambruna en Sudán del Sur, mientras que Somalia, Nigeria y Yemen están al borde de la hambruna. Esta situación se ha visto acelerada por una combinación letal de sequía, conflictos, marginación y una gobernanza deficiente. En estos cuatro países, 20 millones de personas están expuestas al riesgo de inanición, y muchos más millones de personas experimentan grados alarmantes de hambre en todo el mundo. La desnutrición está teniendo graves repercusiones y, como siempre, los niños están entre los más afectados, se vuelven cada vez más vulnerables y sufren las consecuencias de por vida. De hecho, 1, 4 millones de niños podrían morir de desnutrición aguda grave en los próximos meses. Por otra parte, 27 millones de personas no tienen acceso a agua potable en estos cuatro países con riesgo de hambruna, y esto incrementa el riesgo del cólera y otras enfermedades transmitidas por el agua.
 
A pesar de los genuinos esfuerzos de muchos, existe un gran riesgo de que, si la situación sigue su curso actual, la respuesta mundial a esta crisis sea extremadamente inadecuada, y desemboque en muertes y sufrimientos inimaginables.
 
Porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; fui forastero, y me recibieron. Mateo 25:35
 
Se nos ha encomendado ver lo divino en aquellos que sufren y respetar su dignidad. Estamos llamados, asimismo, a apreciar la resiliencia de las personas y las soluciones que plantean. El alimento es más que un derecho humano: es un don divino que no puede ser negado. Instamos a todos nuestros fieles a que movilicen sus congregaciones y organizaciones, así como a la sociedad más amplia y a los gobiernos, para marcar la diferencia en estos tiempos de sufrimiento sin precedentes.
 
Las consecuencias más devastadoras de esta crisis pueden ser evitadas si actuamos juntos para:
 
1.Responder a la acuciante necesidad de recursos. 
Hay un gran déficit de recursos destinados a financiar la ayuda humanitaria que puede salvar vidas. Hasta ahora, se han recibido solamente 1,3 mil millones de dólares de los 4,9 mil millones de dólares que se necesitan. Se necesita recibir el resto urgentemente. Tenemos que responsabilizarnos nosotros mismos y responsabilizar a nuestras sociedades y nuestros gobiernos de la administración de los recursos necesarios para abordar esta crisis y de que estos lleguen allí donde se necesitan lo antes posible. 
 
2.Comprometerse a trabajar por la paz, abordando las causas de los conflictos y la injusticia.
Nos comprometemos a promover la paz en las comunidades para prevenir la aparición de conflictos, y a exigir responsabilidad a los gobiernos y a otras estructuras de poder por cometer abusos de derechos humanos e instigar los conflictos en lugar de aplacarlos. Nos comprometemos también a colaborar con los gobiernos en la creación de instituciones y grupos de la sociedad civil para respetar el Estado de Derecho. 
 
3.Abordar de manera sistemática las causas fundamentales del hambre extrema a largo plazo mediante el desarrollo sostenible.
Nos comprometemos a abordar los siguientes temas:
 
a. El cambio climático, que afecta a los pobres de manera desproporcionada. 
b. La desigualdad de género, que perpetúa la injusticia y el empobrecimiento de familias y comunidades. 
c. El apoyo a los pequeños agricultores y agricultoras, que producen la mayoría de los alimentos del mundo, pero muchas veces carecen de derechos seguros sobre sus recursos productivos, como pueden ser la tierra, el agua, las semillas, los mercados y los medios financieros que les ayudarían a lograr la seguridad alimentaria y a vivir con dignidad. 
d. La consolidación de la paz y la resolución de conflictos en el ámbito comunitario, nacional y mundial. 
 
Que la gracia de Dios disipe la sequía y la hambruna que hay dentro de nosotros y en nuestro entorno, y transforme el mundo, para que sea un reflejo del amor y la fidelidad de Dios. Que, por la misericordia de Dios, hasta la tierra más árida se transforme en un vergel, y los huesos secos vuelvan a la vida dentro y fuera de nosotros (Ezequiel 37:1-14). 
 
En Cristo,
 
Rev. Dr Olav Fykse Tveit 
Secretario General
Consejo Mundial de Iglesias
 
 
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